“NO ESTÁS LOCO, NI SOLO”

Querido Diario:

Sé que este va a ser uno de los textos que más me cueste escribir, pero lo escribiré aunque el miedo y la incertidumbre hagan temblar los dedos.

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10.10.2016. Día mundial de la Salud Mental. Esa salud tan olvidada, poco valorada y desconocida. Esa misma que dicen que sufren a diario personas de nuestro entorno sin que nos percatemos. Esa que, también, dicen los expertos que sufrirá gran parte de la población a lo largo de su vida (1 de cada 4 según la OMS).

A la Salud Mental, la Wikipedia (esa que nosotros podemos escribir y creernos que somos la R.A.E.) la define como “el estado de equilibrio entre una persona y su entorno socio-cultural que garantiza su participación laboral, intelectual y de relaciones para alcanzar un bienestar y calidad de vida.” ¿Te has enterado de algo? Probablemente, no. Y en caso de que sí, solo te has enterado de una cuarta parte. ¿Por qué? Porque la Salud Mental, como muchas otras cosas, es más que un término definido.

Ni soy psicóloga ni tengo título universitario para ser considerada una eminencia de las letras y/o ciencias. Es mas, llevo nosécuántas horas intentando escribir y otras nosécuántas leyéndolo. Soy alguien normal (o bicho raro) que de día es introvertida y de noche es extrovertida, o al revés. Soy de las que valoran la libertad, y defienden que no podemos opinar sin saber. O al menos, sin habernos informado (mínimamente) de lo que vamos hablar y/o escribir. Y tal vez por esto, estoy releyendo continuamente. (Eso, y que me duele que otros sean heridos por lo que pueda exponerse #soyasídetonta).

Vivimos en un tiempo (2016, siglo XXI) en donde coger una cámara, grabar, hablar y mostrarse públicamente es tan cotidiano como comer. Pero, ¿y si lo cotidiano no es tan sencillo? ¿Y si escribir es más fácil que hablar? ¿Eso te hace ser menos? No. ¿Eso te hace ser raro? No (aunque para algunos sea un sí). #admiroatodoelqueseacapazdehablaranteunacámara

No sé cómo es vivir -afortunadamente- con muchas de esas enfermedades mentales, salvo una. La misma que odio y adoro, y la misma que aún soy reacia a describirla y nombrarla (por aquí) por su complejidad. Pero de algo que estoy segura es que detrás de todas las nombradas como “enfermedades mentales”, hay un mundo. Un mundo donde nada parece lo qué es; y donde el cuerdo se vuelve loco, y viceversa.

He visto a niños con hiperactividad y depresión, y he aprendido que los niños no son tan inocentes como los adultos solemos creernos. He visto, también, ancianos con alzhéimer y a familiares escuchando una y otra vez la misma historia, pero riéndose como si fuera la primera vez. He visto adultos teniendo miedo y llorando (y a niños siendo más maduros que adultos, también). He visto de todo, menos jóvenes. Sin embargo, siempre he sabido (aunque más bien debería escribir que me gusta creer) que ahí están, porque hay cosas que no entienden de edad, y lo sé porque soy uno de ellos.

Tengo mucho que escribir, pero muy poca valentía para hacerlo. Aún así, quiero dejar constancia de algo:

Hubo una vez, una persona que me dijo que se ha de ser paciente con los de nuestro alrededor porque esto no era “como llevar un vendaje que informaba de que no estás sano y/o en recuperación”. Sin embargo, también me dijo que no se trataba de “curar” sino de “aprender a convivir”. Y tal vez esto último sea el paso más importante y, a su vez, el más díficil.

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Muchos son los que hablan de “enfermedades mentales más comunes” (depresión, trastorno alimentario, fobias, TDAH, alzhéimer…). Sin embargo, nadie explica que la lucha a la que se someten los que la sufren puede ser de un año, dos, cinco, siete… O quizás toda una vida (y que existen las recaídas, también). Es una lucha compleja y, como todas, tiene mil batallas, y algunas son perdidas. Aún así, deben de seguir y luchar contra algo que ahí está: En su mente, y que uno mismo no sabe qué es ni cómo ha llegado ahí. Aún y todo; NO hay nadie que esté solo. Y, como bien me dijeron: “Aunque algunos crean que se están volviendo locos; no. Tampoco se vuelven locos. Ni son locos, ni están solos”.

No es sencillo expresar el caótico mundo que se esconde en la mente. Lo único que tengo claro es que admiro y respeto todos y cada una de esas personas. Desde los que lo sufren hasta los que trabajan/cuidan de ellos y, también, los seres cercanos (sean familiares o amigos)  y que deciden continuar estando ahí: Al lado, y sin marcharse.

Querido Diario,

Sigo siendo rara, y creo que me gusta.

Fdo. Rous

Pd. Podría escribir un sinfín de hojas y/o páginas/entradas y seguiría creyendo que necesito seguir escribiendo/expresándome sobre este tema y sobre mi admiración absoluta por toda (incluyo cualquier, no solo la mental) persona que se esté hallando en una lucha.

Pd2. La Salud Mental puede empeorar de la noche a la mañana y no volver a ser la misma que era. En ocasiones, hay un antecedente como una enfermedad. Otras, no. Pero la lucha es la misma. Y la admiración, también.

 

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